[...]su inocente manía nos afecta a todos, empezando por mi padre, que fraternalmente la acompaña a cualquier parte y va mirando el piso para que tía pueda caminar sin preocupaciones, mientras mi madre se esmera en barrer el patio varias veces al día, mis hermanas recogen las pelotas de tenis con que se divierten inocentemente en la terraza y mis primos borran toda huella imputable a los perros, gatos, tortugas y gallinas que proliferan en casa. [...]


La vida siguió así, y no era peor que otras vidas."



Seguramente todos/as los aficionados a los cuentos del enormísimo cronópio, Julio Cortazar, tenemos aun danzando en la cabeza esa 












Y otra más:

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